LITURGIA
     I.

     
    Los Apóstoles.
     
    Sabemos de los Hechos que los Apóstoles de la Iglesia, en principio enteramente  judíos, no rompieron con el judaísmo. Según un testimonio de Lucas (Hechos 1,14.), los Apóstoles eran asiduos a la oración, frecuentaban los oficios del Templo (Hechos 2.46;3.1.), se quedaron muchas veces bajo los pórticos de Salomón situados en las antesalas del Templo (Hechos 5,12.). San Pablo quien enseñaba que la Ley de Cristo reemplazaba a la Tora (Hechos 5,12.), no titubeaba en participar regularmente en los sacrificios ordenados por la Ley (Hechos 12.26.).
     
    En el cenáculo mismo durante el tiempo entre la Asunción y Pentecostés, los discípulos de Cristo eran bastante numerosos para celebrar en común el oficio sinagogal tradicional y sin duda alguna, así lo hicieron, porque eso era para los judíos la manera normal de orar juntos. Ellos lo han continuado seguramente, o entre los hermanos cristianos, o en las sinagogas. Más tarde, cuando San Pablo predicó sobre Jesús en la diáspora, eso se llevó a cabo casi siempre en el edificio de las sinagogas o escuelas locales.
     
    Así lo hizo en Iconium, en Lystra, en Tesalónica, en Philippo y en Atenas. Como rabino visitante, Pablo probablemente estuvo invitado a leer el último trozo de la «Parasha», es decir la «lectura semanal de la Tora» y luego el «texto profético», -la «Hartara». Después, pronunció la «Derasha», la homilía. Sin un otro rabino ahí presente, recibía estos dos honores y ha podido dar su propia interpretación del texto. (Hechos 13,15, 17,10; 19,8.).
     
    En Efesos, Apolo estaba en la misma situación (Hechos 18,24-26.) y es probable que otros discípulos de Cristo, oriundos del pueblo de la Sinagoga, hayan utilizado este modo para anunciar la Buena Nueva.
     
    Liturgia Judía de las Comidas y la Eucaristía.
     
    Por otro lado, si la institución eucarística tenía su lugar en el centro de la celebración del «Seder» pascual, la conmemoración solemne de la salida de Egipto; en la comida de cada sábado, el «Kidush» -la bendición para el vino y el pan rememoró también el Éxodo al mismo tiempo que la Creación, la entrega de la Tora, es decir, de los Cinco Libros de Moisés, la promoción de Israel al rango del Pueblo de la Alianza, y terminó con una alusión sobre la escatología, anhelando la llegada del Reino Mesiánico. Este Kiddush se dice en todos los Shabatot, también hoy. La «fracción del pan» de los primeros cristianos continúa naturalmente en esta ceremonia que, más tarde, pasó del sábado al domingo, a la Pascua de Cristo.
     
    Las comidas en las comunidades judías, las «Javurot» o confraternidades de amigos, eran ya «eucaristías» en el sentido griego de la palabra, es decir, ceremonias solemnes donde se dio gracias a Dios por los milagros de la Alianza Antigua.
     
    Jesús dijo en la celebración hogareña de la Pascua (la Ultima Cena): «Hagan eso en memoria mía»; la Eucarista nueva glorifica todavía a Jesús por la Alianza Nueva en Su Sangre, por la Encarnación, por la Pascua de Cristo que libera al mundo de la servidumbre del pecado, a la espera de la Parusia que establecerá definitivamente el Reino. Unidos por la Comunión en Cristo que se ofrece en sacrificios de loores al Padre, los cristianos pueden ofrecer al Señor el sacrificio de alabanzas como la Eucaristía, la «Beraja - Bendición» perfecta. El «Seder» pascual, las comidas sabáticas, los sacrificios en el Santuario, los oficios en la Sinagoga formaron la base de lo que en el futuro se realizará en el Santo Sacrificio de la Misa, coronación del culto de las dos Alianzas.
     
    La Ruptura.
     
    Entretanto las relaciones entre las autoridades religiosas judías y las cristianas empeoraron rápidamente. Considerados como herejes peligrosos, los cristianos del primer siglo fueron excluidos más y más, separados de las asambleas de la oración en la Sinagoga. Un número creciente de los creyentes cristianos era de origen gentil, reclutados en primer lugar de aquellos «prosélitos de la puerta» quienes, adorando al Dios de Israel, no querían integrarse por completo al pueblo judío, someterse a la circuncisión, aceptar la práctica de las 613 Mitzvot-Preceptos de la Ley escrita, ordenados por la autoridad de los rabinos. Pero en ciudades donde una proporción importante de cristianos se formaron del judaísmo, la ruptura no se produce pronto y totalmente. Un cierto número de judíos cristianos continuó frecuentando las sinagogas, oraron con sus congéneres, predicaron en ciertas ocasiones y obtuvieron así nuevos discípulos para Cristo. Eso no causó evidentemente ninguna satisfacción a los rabinos, guardianes de la ortodoxia judía. Ellos se inquietaron, con razón, por la adhesión de los prosélitos a la doctrina nueva, por la influencia que los cristianos empezaron a ejercer en los círculos judíos.
     
    Para aquellos que no creyeron en Cristo, su carácter divino parecía una blasfemia, un compromiso con el politeísmo pagano y la aceptación por la Iglesia de la incorporación masiva de no-judíos no-circuncidados parecía un rechazo de la Alianza del Sinaí, una traición al «pueblo de Dios». El aspecto nacionalista del judaísmo se acentuaba por el hecho de la opresión romana en los años '60, y en la época de la destrucción del Santuario (70 d.C.).
     
    Para impedir en el futuro, que los cristianos hicieran «daño» al ejercer su misionerismo en las sinagogas, y también para reforzar la resistencia contra su doctrina, Rabban Gamaliel (nieto de aquel que figura en los Hechos de los Apóstoles como defensor de los cristianos, Presidente del Sanhedrín constituido en Javne después de la destrucción de Jerusalén), reorganizó la liturgia sinagogal e introdujo dentro de la «tefila - las 18 Bendiciones», una oración contra los sectarios y herejes.
     
    Evidentemente, ningún cristiano podía participar más adelante en las oraciones sinagogales y decir «Amén» »Así sea» después de tal oración. La ruptura casi completa entre judíos y cristianos palestinienses se hizo definitiva sólo después de la revuelta de Bar Kojba.
     
    Organización de laLiturgia Cristiana.
     
    En las iglesias la palabra «eclesía» traduce exactamente en término hebreo «keneset comunidad», que denomina tanto la asamblea religiosa judía, como el lugar donde se junta normalmente el pueblo para rezar y estudiar. La comunidad cristiana continuaba orando por las mañanas y por la tarde, según la tradición sinagogal, pero las dos liturgias, la judía y la cristiana, comienzan a desarrollarse en un sentido divergente.
     
    La oposición creciente entre judíos y cristianos azuza para acentuar las diferencias en la forma de la oración.
     
    Gradualmente, el oficio de la mañana, el «shajarit», que guarda este nombre en las liturgias cristianas en idioma arameo (siraco), dará nacimiento a «Maitines», con sus lecturas bíblicas y alabanzas. El oficio de la noche, el «maariv», se transforma en «vísperas». El uso piadoso demarca la tercera y la sexta hora para la recitación de unos Salmos que serán litúrgicos en la Iglesia, pero no así en la Sinagoga, que era más conservadora.
     
    La Eucaristía tendrá su lugar por la tarde, después de vísperas. Está asociada desde largo tiempo a una comida comunitaria, llamada «Ágape». El hecho es muy discutido. De todos modos, los Ágapes están prohibidos desde fines del siglo IV. Es cierto, que desde el siglo II, la Misa ha sido celebrada generalmente por la mañana, inmediatamente después del oficio, que se rezaba en la sinagoga en ayunas.
    En los textos, San Justino habla ya de misas matinales. Además, allí bendijeron no sólo el pan, del cual sólo una pequeña parte era consagrada. También bendijeron el vino, y además otros alimentos que trajeron los feligreses para distribuirlos entre los pobres. Podían ser frutas, aceite, leche, queso, etc.
     
    Cuando el Santo Sacrificio se realizaba en la tarde, como se hizo con diferentes ritos, el oficio vespertino se realizó en el sitio de los Catecúmenos (preparados para recibir el bautismo, quienes todavía no podían participar en la misa), con sus lecturas de la Escritura, y sus homilías.
     
    La Eucaristía está disociada de la comida, que originalmente la acompañaba. Frecuentemente estaba ligada con el oficio sinagogal de la mañana, con sus lecturas de la Escritura y sus homilías.
     
    La Iglesia abandona rápidamente la recitación del «Shema Israel- Oye Israel, el Eterno es nuestro Dios, es único», que fue y es la profesión de la fe judía. Pero guarda la canción Sanctus, intercalada en una oración de alabanza, donde se nombran las diversas categorías de ángeles, que conmemora la Creación, y las «maravillas de Dios, antes de orar por los vivos y por los muertos.
     
    Los Lugares del Culto Cristiano.
     
    La arqueología confirma esta evolución de la liturgia cristiana, que nace del culto de la Sinagoga. El centro comunitario cristiano, encontrado por las excavaciones de Dura Europos, es muy parecido a la sinagoga de la misma ciudad. La arquitectura de la sinagoga de Capernaum, del siglo III, es una basílica con tribunos, tiene escasa diferencia con las primeras basílicas cristianas. Además, un informe del gobernador de la ciudad africana de Cyrta, dirigido al Emperador Diocleciano, describe en la época misma de la persecución, la iglesia de esta ciudad: tiene los mismos elementos de un centro comunitario judío de la época. De la misma manera, examinando las numerosas ruinas de iglesias del siglo IV, V y VI, dispersas en Siria y en la Tierra Santa, se descubre no sólo la basílica, reservada al culto, sino también un refectorio para las comidas comunitarias, donde pernoctan los huéspedes en tránsito. También hay una sala para los estudios y para guardar las copias de libros sagrados, un tipo de «Bet-Hamidrash - Escuela», habitación para los funcionarios, un bautisterio para adultos parecido a la «mikva- baño ritual» judía, salvo que ésta no tiene la forma de la cruz.
     
    La basílica  misma se forma de los  siguientes elementos:
     
    a.) El ábside, un tipo de mesa que es el altar, cuadrada o en forma de sigma, elemento apropiado para el culto cristiano;
     
    b.) En el fondo del ábside, contra la pared y frente al público, los asientos de piedra del obispo y de su presbiterio, parecidos a los asientos del «Mizraj - Oriente» de las sinagogas, donde se sientan los dirigentes de la comunidad;
     
    c.) En el centro de la nave, donde se encuentra el «almemor o «bima» la mesa para la lectura de la Escritura Sagrada» en las sinagogas, hay uno o dos grandes ambones con accesos laterales. En ciertas iglesias estaban hechos de piedra, pero generalmente eran de madera; no llegaron hasta nosotros, pero dejaron una huella en el pavimento.
     
    El deseo de ver el altar donde se realizó la parte más importante de la Misa, hizo separar el ambiente en dos y correrlo al lado del almemor judío (mesa para la lectura de la Tora), que dio origen a los ambones en las iglesias. Están reservados para la lectura de la Escritura y para dar el sermón, como la «bimah» que han reemplazado. El oficiante, el diácono y los lectores estaban allí durante la Misa de los Catecúmenos. A ese lugar llevaron los Libros Sagrados en una procesión solemne, como los Rollos de la Tora al sonido de la antifonia, y después de las lecturas y los sermones, las Sagradas Escrituras son llevadas de vuelta hasta el armario especial, que es el equivalente cristiano del «aron hakodesh Arca Santa», de los cuales frescos de las catacumbas nos han conservado la imagen.
     
    d.) Las mujeres tenían su lugar aparte, como en la sinagoga, o en la tribuna llamada «gynecea», como en la Iglesia Santa Inés en Roma, o en una capilla lateral separada del resto de la iglesia por una verja o, a veces, en el fondo mismo de la nave. Ellas entraban por una puerta especial, más pequeña y menos ornamentada, que la de los hombres. En Bizancio, aún en una época más tarde, la emperatriz y las mujeres de su corte estaban en la tribuna de la Iglesia Santa Sofía, durante los oficios solemnes.
     
    Formación  de los Textos  Litúrgicos y el  Nacimiento de Diversos Ritos.
     
    Si los textos cristianos contienen, aún en nuestros días, numerosos elementos heredados de la Sinagoga, el conjunto se desarrolló de tal manera que a veces es difícil distinguirlos. Además, no se puede olvidar que las grandes reglas de la liturgia sinagogal se fijaron cuando las dos religiones cortaron sus relaciones, Ciertas formas no bíblicas fueron instituidas en grandes rasgos, y hubo que esperar hasta el siglo Vil para que el texto de las oraciones fuera fijado oficialmente.
     
    Desde el inicio del siglo II, Rabban Gamaliel determinó el número de las bendiciones en la Amida, que es la oración de 18 bendiciones, pero para el resto de la formulación (introducciones y conclusiones), existía una cierta libertad. Por su parte, en el cristianismo la posibilidad de seguir su propia inspiración fue dejado durante mucho tiempo al criterio del sacerdote. Las fórmulas litúrgicas empezaron a cristalizarse sólo desde el siglo IV en Europa Oriental, y se necesitó tiempo para aceptar cierta uniformidad. Así lo atestiguan los Catequesis de Santo Cirilo de Jerusalén, el esquema de la Anáfora o Canon de la Misa, según el rito de Jerusalén y Antioquía había sido establecido ya en la época cuando San Cirilo los redactó, pero hoy en día hay aún por lo menos 70 variaciones de esta Anáfora sólo en el rito sirio-jacobita. Algunas son relativamente recientes, pero otras se remontan probablemente hasta los orígenes. De todas maneras, parece que este rito de Jerusalem-Antioquía ha sido el ancestral de la familia, y contenía los ritos sirio-jacobita, bizantino y armenio (la tradición armenia en un estado arcaico del rito bizantino, sirio, caldeo, maronita). En Europa, los ritos ambrosiano galicano, mozárabe, latino de lengua pero no romano de espíritu, están emparentados a la misma tradición. No se debe olvidar que hasta la expansión del Islam, el comercio mediterráneo fue muy intenso y los mercaderes sirio-cristianos y judíos desarrollaron en ésto un papel preponderante. Ellos tenían el cuasimonopolio del gran comercio de Galia. El rito romano parece ser uno de los últimos en constituirse, bajo la forma que se guardó después.
     
    Los textos arios de Gelasiano y Leoniano, respectivamente, del siglo VI y Vil, son los testigos más antiguos. Provienen de otra tradición, de Alejandría, lo que se explica por los cambios culturales y comerciales intensos entre las dos grandes ciudades y se caracterizan por la concisión, la precisión casi jurídica y típicamente romana, de estos textos de oración. No fueron suplementados, además, los otros ritos del Occidente, el Galicano, Mozárabe, Ambrosiano, desde la época de los Carolingos. Todos estos ritos mantienen un parentesco más estrecho con la liturgia judeo-cristiana del I siglo, que ha sido establecida antes, porque la mentalidad de los hombres que los practicaban, se aproximaron más a la liturgia de los primeros cristianos de origen judío.
     
    Los cambios introducidos por el Concilio Vaticano II se acercan más al origen. El rito romano es lo menos alejado de la raíz común, y utiliza más que los otros, textos bíblicos en sus oraciones. Eso se debe a que la inspiración poética tomó versos bíblicos en la mayoría de los casos, y en otros absorbió textos de los textos del tesoro de la literatura oriental.
     
    Gestos Litúrgicos.
     
    Las más antiguas de todas las liturgias cristianas fueron: las lecturas bíblicas destinadas a instruir al pueblo; las grandes reglas que dieron el sentido universal y uniformado de los oficios; un cierto número de fórmulas cortas que han sido transmitidas oralmente; introducciones y conclusiones de oraciones, aclamaciones y pasajes cortos de himnos y bendiciones, fáciles de recordar.
     
    Los principales gestos litúrgicos también son antiguos. En esta categoría citamos en primer lugar la «semija» la imposición de las manos». En el judaísmo fue un rito de bendición de los niños por sus padres, y de los fieles por los «cohanim los sacerdotes, en el Templo, en la sinagoga y en el hogar, pero también el gesto por el cual eran ordenados los rabinos a partir del siglo III. La Iglesia la ha adoptado para los Sacramentos del Bautismo, de la Confirmación, para lo ordenación de sacerdotes y también para la oblación de la Misa. Los sacerdotes de rito sirio aún bendicen al pueblo con las manos extendidas sobre las cabezas inclinadas de los fieles. En el Primado de los Galios, los obispos de Autun y Meaux, que conservaron algunas costumbres galicanas, lo hacen todavía después del Pater Noster en las Misas solemnes.
     
    Recordamos también que en los ritos orientales, las ordenaciones se hacen únicamente por imposición de las manos junto con unción de aceite. Los clérigos del rito syro-chaideo son aún llamados «rabbi» por sus fieles.
    El Bautismo por inmersión y otras abluciones rituales, incluso aquellas de la Misa y el agua bendita a la entrada de las iglesias, son otros antiguos ritos judíos cristianizados. Aún en nuestros días es por el baño ritual (Mikva) que las mujeres proselitas entran en la comunidad judía. Para los hombres, este rito se agrega a la circuncisión.
     
    Ritos de origen judío son también la consagración o unción con aceite: la del altar, de los reyes, de los obispos latinos, y por extensión de las manos la de los sacerdotes. Ritos como la copa de vino cortado por agua en la Eucaristía, y en el casamiento de los cristianos del Oriente; rito de origen judío es el uso de anillo de nupcias y el uso de especias y ciertas oraciones eucarísticas. Los Apóstoles y los Padres de la Iglesia retomaron algunos otros ritos judíos, atribuyéndoles función prefigurativa.
     
    Los cristianos orientales guardaron, sin duda en toda su solemnidad, la procesión de la Escritura Sagrada heredada de las liturgias sinagogales, así como los rasgos exteriores del respeto hacia los Libros Sagrados. Las coberturas de los Evangelios están también adornados, igual que las ropas que envuelven los Rollos de la Tora, tienen un lugar de honor en el altar y muchas veces las hacen besar por el pueblo; en Occidente sólo los ministros besan el Misal.
     
    Reminiscencias  Sinagogales  en  el  Texto de los Oficios.
     
    Los ritos sirios, bizantinos, armenios, caldeos y coptos han conservado la costumbre de leer trozos de los Libros Sagrados -o por lo menos de algunos - como lectura continua, desde el inicio hasta el fin del libro. Los judíos leen los Cinco Libros de Moisés, divididos en trozos para todos los sábados del año litúrgico. Los muy religiosos leen el Libro de los Salmos durante la semana. Además los armenios, los sirocaldeos y los sirojacobitas guardaron la costumbre sinagogal de leer primero unos capítulos de la Escritura Sagrada, después un extracto de los Profetas, seguido por partes de la Epístola y del Evangelio. Las Misas latinas, según el Misal vigente hasta la reforma posterior al Concilio Vaticano II, conservaron esta costumbre: en los Sábados de las Cuatro Témporas, la parte más antigua de dicho libro, y también en los oficios del Viernes Santo y de la Vigilia Pascual.
     
    En el Misal y en el entonces llamado «Breviario» se encuentran también huellas de una época antigua, en la cual se leyó la Escritura Sagrada en lecturas continuas. Por ejemplo, San Juan en los Domingos desde la mitad de la Cuaresma hasta Pentecostés; los Hechos de los Apóstoles y el Apocalipsis durante la Pascua; las Lamentaciones en la Semana Santa; San Mateo desde Epifanía hasta el inicio de la Cuaresma; las grandes Epístolas de San Pablo después de Pentecostés; el Génesis desde Septuagésima (hoy ya eliminado), etc. En la Ordenación de lecturas (Ordo lectionum Misae) posterior al Concilio Vaticano II (1969), se ha recuperado la lectura continua o semicontínua, es decir, cuando no es posible leer los libros enteros, se saltan partes consideradas menos importantes, pues uno de los criterios que se tenía en cuenta era, conservar o recuperar el uso de determinados libros tradicionalmente empleados para los llamados Tiempos Fuertes (Advento-Navidad, Cuaresma y Pascua). Las lecturas privilegiadas eran: Isaías en Adviento; San Juan en Cuaresma y Pascua y los Hechos de los Apóstoles en la época de Pascua, tanto en la Misa como en la ahora llamada «Liturgia de las Horas» (antiguo «Breviario»).
     
    Al buscar una presentación más completa de la historia de la Salvación, se introdujo un mayor número de perícopas (párrafos cortos) del Antiguo Testamento.
     
    Las fórmulas de la oración judía han dejado más huellas en los ritos orientales que en el rito romano, pero éste tampoco está desprovisto de ellas. En lo esencial de su liturgia, en primer lugar para el Canon de la Misa, la Iglesia -como la Sinagoga- utiliza oraciones de composición ad hoc, pero llenas de citaciones y alusiones bíblicas. El Sanctus pasó del oficio judío de la mañana al Canon de la Misa. Dos otros himnos, no sólo el Santus sino casi toda la primera parte del oficio sinagogal de la mañana, como los «piutim», o «poemas religiosos judíos», han sido conservados en los oficios de la mañana en la Iglesia. Estos son, en primer lugar, la primera parte del «Te Deum», probablemente proporcionado por el rito de Milán a la liturgia de Antioquía y completado después por San Ambrosio. Pasó después al rito romano y fue adoptado por todo el Occidente y, en segundo término, citaron la Grande Doxología o Gloria de la Misa. Este himno, que adapta toda la primera parte del oficio sinagogal a la luz del Evangelio, remonta probablemente a las primeras generaciones mismas de la Iglesia. Desde el rito bizantino, donde figura en Laudes, pasó a la Misa Latina de los Catecúmenos, pero entretanto ha perdido su conclusión típicamente sinagogal: «!Tú eres bendito, Señor, nuestro Dios y Dios de los Padres, y Tu nombre es digno de alabanzas y lleno de gloria en los siglos y siglos! ¡Amén!»
     
    Las liturgias bizantinas, armenias y nesiorianas tienen la expresión clásica de la liturgia judía. Vemos un texto nestoriano: «Convienen todos los días: oh Mi Señor (es decir, Adonai) es justo en cualquier tiempo, confesar, adorar, loar el Nombre de Tu Majestad: porque por Tu gracia había reconocido la naturaleza frágil del hombre mortal; digno es santificar Tu Nombre con los Seres espirituales y tener parte en el ministerio de tu liberalidad, tomar sus delicias en la dulzura de Tu Palabra, elevar la voz del loor y de la acción de gracias a Tu alta divinidad, Señor del Universo, Padre».
     
    En la misma liturgia se encuentra más adelante: «Alabado sea Tu Nombre por las buenas acciones! Bendita sea Tu Gloria en el lugar de su morada, Tú que perdonas las ofensas en razón de tu misericordia, por tu gracia, haznos dignos de reconocer y de adorar tu Divinidad. En todos los tiempos, elevamos nuestras almas hacia las alturas: alabamos a Tu Reinado! Amén».
     
    Citamos aquí una forma del «Kadish», una de las oraciones más frecuentes, en la sinagoga, cuyo contenido espiritual tiene mucha similitud con el Padre Nuestro.
    «El mundo que Dios ha creado según Su voluntad, tribute gloria y santificación al nombre del Eterno. Que Su reino esté proclamado prontamente en nuestros días y en la vida de toda la congregación de Israel. !Amén¡
     
    Sea Su glorioso nombre bendecido eternamente. Exaltado, venerado y alabado sea el nombre del Santo, Bendito El. Su gloria es inefable e infinita. Su magnificencia es superior a toda expresión humana. !Amén!
    Agracia a Tu pueblo Israel, derrama tu misericordia y compasión, a todo Israel y a toda la humanidad. !Amén¡
     
    La Anáphora -texto litúrgico- de San Basilio es la más antigua del rito bizantino, compuesto hacia el año 370. retoma y condensa la tradición litúrgica, entonces en uso en Siria y Capadocia.
     
    La liturgia, llamada San Juan Crysóstomo, es un resumen de esto y por otra parte, es también muy parecida a la liturgia armenia. He aquí el inicio de esta Anáphora de San Basilio, de la cual cada expresión es clásica en la liturgia sinagogal: Oh Tú Señor que eres nuestro Rey y nuestro Padre, Maestro del Mundo, Todopoderoso y Adorable. Es verdaderamente digno y justo para loar la grandeza de Tu santidad, cantar para Ti, bendecirte y adorarte, rendirte gracias y glorificarte, Oh Tú, que eres el verdadero Dios, y ofrecerte de corazón puro y espíritu humilde, un culto razonable...
     
    Maestro de todas las cosas, Señor del Cielo y de la Tierra, de todas las cosas visibles e invisibles, Tú que estas sentado en un trono de gloria, que sondeas los abismos, que eres eterno, invisible, incomprensible, indescriptible, inmutable, Tú, el Dios grande, Salvador y Objeto de nuestra esperanza...»
     
    Esta alabanza desemboca en el Sanctus, y después, siguiendo una rememoración a la Creación, llega a la Consagración. Casi todas las expresiones de este magnífico Prefacio se encuentran ya en el inicio del «Yotzer», parte del oficio matutino judío. Por otra parte, la anamnesia de este misma anáphora, con su relevancia a la Creación, parece mucho a aquel himno sinagogal «ata jonantanu merosh» que inicia el oficio de la celebración sinagogal de Yom Kippur -Día del Perdón.
     
    En la época de San Basilio, la Sinagoga y la Iglesia de Siria -con su gran capital Antioquía- formaron parte de la misma civilización. Las dos utilizaron tanto el griego como que el arameo para su liturgia. El siríaco es un dialecto arameo hablado por los cristianos de Siria y escrito con un alfabeto distinto de la escritura judía. Por otra parte, los más grandes «mélodos» o poetas religiosos que han creado la poesía litúrgica bizantina, eran de origen siríaco o de Capadocia (Provincia del Este de Asia Menor): como San Juan Crisóstomo, judío romano convertido, Cosma de Maiovna, San Efraim (padre de la liturgia siria, también de origen judío, como tres siglos más tarde, San Juan Damasceno. La capa más antigua de la poesía sinagogal post-bíblica, utilizada hasta nuestros días, sale de ese contexto de la civilización y más o menos de la misma época. A pesar del antagonismo entre judíos y cristianos, seguramente hubo cierta osmosis, porque las formas literarias son muy parecidas.
     
    Aún más que la bizantina, la liturgia siria no sólo muestra expresiones comunes con la de la sinagoga, sino también oraciones enteras, compuestas en el mismo esquema de la «beraja - bendición judía». Su contenido es maravillosamente rico en doctrinas cristianas, mientras la forma literaria y los términos utilizados están cercanos al origen.
     
    Rito Romano y Herencia Judía.
     
    Originalmente la tradición alejandrina, de donde proviene el rito romano, es tan antigua como la de Siria y, por lo menos originalmente, tan cerca de los orígenes judío-cristianos, como lo atestigua la Eulogía de Serapión, aproximadamente contemporánea de las Constituciones Apostólicas. Entretanto, la influencia del helenismo era más fuerte en Alejandría que en Jerusalén o Antioquía. En el rito romano, originario de esta tradición, se encuentran más bien la mentalidad y cultura romanas, que tienen menos afinidad con las del mundo semítico. El resultado es que en el rito romano ve seguramente aquello, donde las reminiscencias sinagogales son menos frecuentes y más difíciles de detectar.
     
    El Rito Romano emplea fórmulas concisas, precisas, simples; su espíritu es más objetivo y más jurídico que contemplativo. En la medida que desea adornar su liturgia con poesía, la tomó más frecuentemente del tesoro de los himnos y antífonas de la liturgia bizantina, infinitamente más rica desde este punto de vista.
     
    Los poetas litúrgicos latinos, como Lactancio y Venancio, Fortunato, Prudencio o Sedulius, vivían en Galia o España, y ellos difícilmente pueden compararse con sus compatriotas del Oriente, en la riqueza de sus inspiraciones cristianas. Sólo mucho más tarde, después del fin de la intrusión de los bárbaros, el Occidente verá florecer una poesía litúrgica comparable a la que adornaba los ritos del Oriente. Entretanto, todos los antífonas en la época de Navidad están prestadas de la liturgia bizantina, y la mayor parte de las otras son simplemente versículos bíblicos, en lugar de las composiciones ad hoc de las liturgias orientales y judías.
     
    Se recuerda que la «tefilá - oración judía» ayudó desde antaño a los fieles a unirse desde su morada a los sacrificios cotidianos del Templo de Jerusalén, y terminó con una alabanza. El cuerpo del oficio contiene la recitación de los buenos actos de Dios y las súplicas por el apoyo de grandes intenciones del Pueblo de Dios, y termina con una nota escatológica muy acusada. El Canon de la Misa Latina, como todas las Anáforas cristianas, comprende la ofrenda del Sacrificio de Cristo; empieza y termina con la alabanza de Dios, tiene una anamnesis y una oración solemne por la Iglesia, por los fieles vivos y difuntos.
     
    Mientras tanto, la liturgia latina ya no guarda sino algunos recuerdos de las Letanías Diaconales, que mantienen las peticiones de la Tefilá en las liturgias orientales. Se las encuentra en la segunda parte de las Letanías de los Santos y también en el Kyrie de la Misa. La reforma litúrgica iniciada por el Concilio Vaticano II, las resucitó en parte, colocándolas al final de la Liturgia de la Palabra en la llamada Oración de los Fieles. La gran intercesión del Canon de la Misa, conservada en las dieciocho bendiciones que siguen la consagración en la liturgia maronita y mantenida en todo los ritos orientales en el Canon Romano, está separada en dos, en los Mementos de los Vivos y de los Difuntos. Las nuevas Plegarias eucarísticas, fruto de la reforma postconciliar, elaboradas más armónicamente, traen juntas las intercesiones por los vivos y por los difuntos.
     
    Mencionamos otros vestigios judeo-cristianos en el rito latino. Las más antiguas oraciones comienzan por «Domine Deus Nuestro, Adonai Elohenu», y todas terminan por Amén, muchas veces precedidas por «per omnia saecula saeculorum», que es la conclusión habitual de las oraciones judías. Se canta siempre la Aleluya y se aclama al Mesías: «Hoshana», generalmente sin saber, que «Hoshana» es una aclamación mesíánica que significa «ven a salvarnos». El presbítero y más aún, los obispos, nos dicen también «pax vobis» o la forma amplificada «pax domini sit semper vobiscum», oriundo de «shalom alejem» que significa paz para ustedes y para nuestros antepasados en la fe».
     
    Otras pequeñas fórmulas heredadas del judaísmo que se conservan hasta hoy, son por ejemplo, las siguientes:
    «Bendicamus Domino»; «Sit Nomen Domini benedictum - ex hoc nunc et usque in saeculum»; «Gratias agamos Domino Deo nostre», y empieza la liturgia de las Horas como la «tefila -oración» con «Domine labia mea aperies».
     
    En cuanto a la utilización de los Salmos, que tanto la Sinagoga como la Iglesia han heredado del Templo de Jerusalén, contentémonos con resaltar algunos hechos: La Sinagoga, pero aún más la Iglesia, utiliza los extractos de los Salmos y de los Cánticos bíblicos en forma de antifonías. Una y otra recitan Salmos enteros en la primera de los oficios litúrgicos, antes de las lecturas de la Escritura y las oraciones.
     
    El Salmo invitatorio 94 «Venite, adoremus domino» con que comenzó el oficio judío de la noche, pasó al inicio de los Maitines desde que las vigilias cristianas empezaron generalmente por la noche, para recomenzar el nuevo día con la Misa de la mañana. Ahora dicho invitatorio está colocado como inicio de la Primera Hora de la mañana.
     
    De los Salmos Haleluya, recitados por los judíos todas las mañanas, la Iglesia ha guardado los capítulos 148-150 a la mañana de su «Shabat», es decir, del «Domingo». La Reforma del Breviario de 1911 los ha reemplazado en el rito latino, rompiendo así una costumbre vieja de más de dos mil años y que se conservaba en todos los otros ritos.
     
    El Cántico de Moisés (Éxodo 15), cantado en la sinagoga por la mañana todos los días, es recitado todavía en todos los ritos cristianos en la mañana del domingo, salvo el rito bizantino, que ha reemplazado el texto bíblico por un himno que lo comenta. El rito latino lo ha pasado para el jueves, y el sábado dicen el otro Cántico de Moisés (Deuí 32.).
     
    Conclusión.
     
    Pueden encontrar muchas otras similitudes entre la liturgia judía y la liturgia cristiana, pero aquí no se trata de hacer un estudio completo. La conclusión de estas pocas páginas se expresa en dos frases: La liturgia cristiana es actualmente muy diferente a la liturgia judía, e infinitamente más rica, ella se basa en la línea del Pueblo de la Antigua Alianza, como dijo el Papa Pió XI: «Nosotros somos espiritualmente semitas».
     

    II.
    HERENCIA JUDIA EN LA LITURGIA CRISTIANA

     
     
    Como el tema de las relaciones litúrgicas entre el judaísmo y el cristianismo es demasiado amplio, no podemos tratarlo detalladamente. Así sólo presentamos algunos Ítems, en forma reducida.
     
    Calendario Litúrgico.
     
    Tanto los judíos como los cristianos tienen un calendario litúrgico, que no coincide con el calendario cívico. Para los judíos, el año litúrgico comienza con el mes de «nisan», mientras el año se inicia en el mes de «tishri», con la fiesta del Año Nuevo que es «Rosh Hashana». Según el calendario litúrgico cristiano, el año comienza con el primer domingo del Adviento antes de Navidad, y no con el primero de enero. Según la historia de la liturgia cristiana, el año comenzó con el Adviento, antes de la Pascua. Como curiosidad mencionamos, que el 01 de enero figuró en el calendario litúrgico como el Día de la Circuncisión de Nuestro Señor Jesucristo.
     
    Ciclo  de Fiestas.
     
    El año litúrgico se divide en ambas religiones de acuerdo a tres fiestas importantes: Pesaj, Shavuot y Sucot para la religión judía, y Navidad, Pascua y Pentecostés para la religión cristiana. En la Antigüedad Rosh Hashana, es decir el Año Nuevo Judío y Yom Kipur (Día del Perdón), se incluyeron en el círculo de Sucot, como Fiestas de Otoño. En ambas religiones, hay preparación litúrgica para las mismas fiestas, y hay días conmemorativos también después. El contenido espiritual de las fiestas tiene similitud y las lecturas bíblicas a veces son iguales. Los judíos celebran el Pesaj y el Sucot durante 8 días, la Iglesia celebra la Pascua (fiesta solemne en memoria de la Resurrección de Jesús) y la Navidad (Natividad de Jesús) durante 2 días. El judaísmo celebra ayunos y semifiestas, en su mayoría con contenido histórico y penitencial; la Iglesia, durante su desarrollo multimilenario, introdujo fiestas con contenido cristológico y conmemora acontecimientos relacionados con Santa María, la Madre de Jesús. Hay coincidencias en la celebración de éstas, como por ejemplo el encendido de velas durante ocho noches en «Januca» y encender velas en el árbol de Navidad. Las dos fiestas casi siempre coinciden.
     
    Culto.
     
    Al analizar con atención el orden de la Misa y los servicios religiosos de la Sinagoga, fácilmente podemos descubrir mucho más similitudes que las mencionadas anteriormente. Hay paralelismo no sólo en las formas externas, sino también en el contenido espiritual, incluyendo las lecturas y las homilías, cuya base se encuentra en la literatura midráshica.
     
    Es conocido, que fuera del Misal hay otro libro litúrgico, el Breviario, que contiene rezos para diferentes ocasiones: bendiciones, oración al acostarse, oración antes o durante un viaje, etc. Muchas de estas oraciones tienen origen judío. La liturgia judía tiene libros de oraciones especiales.
     
    Los Sacramentos.
     
    El judaísmo no reconoce Sacramentos, es decir actos religiosos que tienen como objetivo la santificación de una persona. En el cristianismo hay siete: bautismo, penitencia, confirmación, matrimonio, extremaunción, eucaristía, orden eclesiástico. Los sacramentos guardan muchos rasgos de origen judío, tanto en su contenido como en su forma.
     
    Bautismo, originalmente, la ceremonia de la inmersión en agua viva en el judaísmo simbolizó la purificación. En todas las comunidades había baño ritual, por supuesto fuera del templo, y su uso para las mujeres era obligatorio después de sus reglas. Para los hombres, era obligatorio después de ciertos casos de enfermedad, además para los piadosos era señal de purificación del cuerpo, como también del espíritu, especialmente para los esenios (secta judía en la época de Jesús).
     
    Se sabe que al principio el bautismo se realizó fuera de la iglesia, en un edificio separado, en una pileta llena de agua de fuente o de lluvia, adonde había que descender por una escalera. La religión judía prescribe la inmersión tres veces. El cristianismo también prescribe sumergirse o hacer sumergir tres veces; aparentemente, el cristianismo quiso reemplazar así la circuncisión de los varones. La circuncisión es imborrable, también el bautismo lo es espiritualmente; sólo a partir del siglo III, la Iglesia no practica el bautismo en el octavo día, como la circuncisión. Hoy ya no se practica en esta forma, pero hasta el siglo X la ceremonia del bautismo era un acto importante. Después de la inmersión, llevaban a los recién nacidos a la iglesia, le administraban la eucaristía, y como el niño o niña no pueden tomar del cáliz, el sacerdote mojó su dedo con vino y tocó los labios del niño, y le dio una miga de la Santa Hostia; lo mismo se hace con el vino después de la circuncisión. En la comunidad judía, la incorporación de las niñas recién nacidas se realiza por la impartición del nombre litúrgico hebreo, y por la invocación de la bendición de Dios de parte del oficiante.
     
    El segundo sacramento es la penitencia. Si el pecador cumple con la obligación del arrepentimiento, con la de la confesión de los pecados y con la de la reparación, puede beneficiarse de la purificación moral. Son ideas bíblicas y talmúdicas el perdón divino por intermedio del arrepentimiento, la confesión de los pecados, dirigida directamente a Dios sin intermediario, y la restitución de los daños causados.
     
    El tercer sacramento, la confirmación, está relacionada con el «bar mitzva», cuando el niño judío, al cumplir 13 años, y «bat mitzva», cuando la niña judía cumple 12 años, alcanzan la mayoría de edad según la ley judía y se incorporan en la vida comunitaria como adultos, con plenos derechos y obligaciones. La ceremonia de la incorporación está precedida por el estudio de las prescripciones morales y ceremoniales de la religión.
     
    Durante la ceremonia de la confirmación cristiana, el oficiante unge la frente del confirmado con crisma y luego lo frota con algodón. Hasta el siglo X, se colocaba una cinta a la altura del crisma, para impedir que se desprendiese.
     
    El niño judío, después de su bar mitzva, pone «tefilin-filacterias» a su brazo y a su frente, que está sostenido por una cinta de cuero.
     
    La declaración del matrimonio, como sacramento, coincide con la expresión «kidushin - santificación», que es el nombre hebreo de la ceremonia nupcial en la literatura judía tradicional. La tradición antigua de los judíos no conocía el intercambio de anillos, sólo el novio pone el anillo al índice de la mano derecha de la novia. El judaísmo moderno introdujo el intercambio de anillos, como lo hace la Iglesia.
     
    El cristianismo griego utiliza vino en la ceremonia, que es un símbolo de origen judío, simbolizando la alegría (Salmo 104.15.).
     
    El quinto sacramento, la extremaunción es, en su forma y contenido, netamente cristiana. Sin embargo, tiene origen judío, pues los presentes oran al lado del lecho del enfermo agonizante santificando el nombre de Dios, y si el enfermo está consciente, rezan con él la confesión general de los pecados; si no, piden a Dios que El perdone los pecados del moribundo.
     
    El sexto sacramento, la Eucaristía es de origen netamente cristiano, pero sus formas exteriores presentan similitud con la Cena Pascual, es decir, el «Seder de los judíos». La hostia se prepara de harina de trigo y agua, sin levadura; tiene forma redonda, como tradicionalmente se hizo la matza, el pan ázimo, que no se corta sino que se rompe. Se reparte el vino puro de uva que se prepara bajo control y se mezcla con agua, porque el vino de Judea era muy fuerte y tenían que mezclarlo con agua, para evitar emborracharse, pues al bendecir el vino era obligatorio tomar una cierta cantidad. Antes de la realización de la ceremonia, el oficiante lava sus manos. Una parte de las bendiciones y oraciones, pronunciadas durante la Eucaristía, tiene sus raíces en los Salmos y en otras oraciones de la liturgia judía antigua.
     
    El séptimo sacramento es el orden eclesiástico. Su significado, división y vestimenta se basan en la descripción bíblica referente al servicio en el Santuario, que más tarde se amplió con las ordenanzas de rabinos y maestros posteriores. La vestimenta de los sacerdotes cristianos fue más sencilla hasta el siglo X.
     
    Cabe subrayar que no es nuestro propósito, tratar las relaciones entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, tampoco las coincidencias de las enseñanzas éticas y filosóficas o teológicas de las dos religiones, sólo intentarnos presentar algunas coincidencias en las formas externas, ya que son menos conocidas.
     
    La influencia del judaísmo para el cristianismo es grande, sin duda la influencia del cristianismo para el judaísmo también es importante, lo que demuestra que las culturas cristianas y judías no formaron islotes aislados, lejanos uno del otro.
     

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