8. LA LITURGIA DE LAS HORAS.

     

    De la gran riqueza del oficio hispano, expresada tanto en su versión monástica y catedral (ésta para el clero y los fieles) como en las ferias, domingos y fiestas, destacamos las horas principales fijándonos en las de un domingo.

     

    a) Vísperas.
    Esta hora del oficio inaugura, con la santificación de la luz y de la noche, el día del Señor. Consta de tres partes: oblación de la luz, canto y oración con resonancia de salmos vespertinos, incensación; pequeña salmodia: salmos, himno; conclusión: kiries, oración completuria, padrenuestro y bendición; procesión al baptisterio con canto.

     

    La celebración de este oficios tiende hacia la celebración litúrgica matinal de alabanza.

     

    b) Laudes matutinos.
    Consta de tres partes: pequeña vigilia, que se inicia con el himno Aeterne y está centrada en los salmos 3, 50 y 56; oficio matutino, centrado en el Cántico de Daniel y en los salmos Laudate (salmos 148-I50), seguidos de una lectura bíblica; conclusión con la oración completuria y el padrenuestro.

    Este oficio mediante la alabanza conduce a la contemplación gozosa del misterio pascual y, por ello, al centro del domingo, la celebración eucaristía.

     

    9. OTROS SACRAMENTALES.

     

    Además de los sacramentales presentados, del año litúrgico y de la liturgia de las Horas, los más importes en todas las liturgias, los libros del rito hispano contienen una riqueza de bendiciones, algunas tan características como la bendición del bibliotecario y los ritos relacionados con el rey, con su unción, con su recibimiento y partida de la ciudad, etc. Bendiciones y ritos como la bendición del abad, de vírgenes y viudas, la profesión religiosa, el trascendental ritual para la celebración los concilios, son todos ellos de justificado interés; sin embargo, por su valor pastoral general nos centramos en los rituales siguientes:

     

    a) Exequias.
    Los textos y ritos exequiales que conocemos de la liturgia hispana nos revelan ante todo una actitud profundamente cristiana ante la muerte.

     

    Los textos litúrgicos se hacen interpretes del difunto, prolongando así ante la comunidad cristiana su profesión de fe; a ella se dirige solicitando intercesión: "Hermanos y hermanas, rogad por mí", e inmediatamente la asamblea responde: "Cristo redentor, concédele el perdón", súplica ésta que repetirá multitud de veces. Con el féretro ante la puerta de la iglesia dirá: "Oh Jesús bueno, perdónale tú..., borra los pecados que cometió, dale vida eterna".

     

    Un rito singular se realizaba sobre la boca del obispo difunto antes de la sepultura: la infusión del crisma mientras se canta el salmo 39: "En mi boca un canto nuevo..., ¡cuántas maravillas has hecho, Señor!...; quiero proclamarlas, pero me es imposible enumerarlas todas".

     

    En el ritual de exequias hispano posiblemente queden restos de prácticas paganas peninsulares muy primitivas; pero, desde luego, en todo caso profundamente cristianizadas.

     

    b) Dedicación de iglesias.
    De este rito tan importante para la vida litúrgica de las comunidades locales sólo quedan algunos textos; probablemente el resto se ha perdido por la misma causa que el rito de la ordenación de obispos. Se sabe el rito que hacía el obispo de derramar sal por el edificio, la procesión con reliquias de los mártires y que la acción litúrgica culminante era la eucaristía.

     

    En el ritual se preveían también bendiciones tanto para iglesias restauradas materialmente como para dedicarlas de nuevo al culto católico. Para todos estos casos y para los aniversarios de la consagración se disponía de un oficio votivo.

     

    Los textos eucológicos se inspiran abundantemente en los libros del Antiguo Testamento, hecho que se da en toda la liturgia hispana en proporción mayor que en los otros ritos occidentales.

     

    Por las antífonas de la consagración de iglesias podemos deducir el sentido teológico atribuido a este sacramental: así, a veces se encuentran interesantes motivaciones temporales, como: "El Señor le ha dicho al rey: si caminas en mi voluntad haré próspero tu reino y santificaré este lugar para que resida aquí mi nombre por siempre"; también: "Entremos en el Sancta Sanctorum para aplacar a nuestro Dios, que nos oiga y conceda la paz a nuestros días"; por último, expresiones puramente eclesiales y neotestamentarias, como el responsorio: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia".

     

    10. CONTRIBUCIÓN A OTRAS LITURGIAS.

     

    Aportaciones de la liturgia y rito hispanos a la liturgia y rito romanos, a las liturgias galicana y celta (Irlanda) están documentadas. El material tomado de nuestra liturgia por los carolingios, para aquellas refundiciones de las que resultó la liturgia romano-franca o romanogermana, fue considerable. El mismo Ordo ad synodum del Pontifical romano lo prueba claramente. Apreciables son también las influencias en la liturgia anglicana.

     

    El hecho de que nuestra liturgia se conserve en su estado original conteniendo una cantidad extraordinaria de ritos y textos, ricos por su teología y su pastoralidad, la ha convertido en una cantera casi inagotable, aprovechada hasta nuestros días.


    http://www.mercaba.org/LITURGIA/22_el_antiguo_rito_hispano.htm

     

     





     
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